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martes, 22 de marzo de 2011

Discos: “Tonolec folk, los pasos labrados” (Tonolec, 2010).-


En su tercera producción, la banda norteña de electrofolk ofrece versiones de temas de los grandes compositores del folclore latinoamericano. Estremecedor, el disco sorprende a lo largo de siete cortes no solo por lo logrado desde la fusión instrumental sino también por la versión de “Cinco siglos igual”, cantada por primera vez en lenguaje toba.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Los Colmillos o el arte de “morder de a dos”.-

Es un dúo, pero suena como una banda. Los Colmillos, integrado por Vanesa Rinón y Nacho Martínez, promueve desde Burzaco el contacto entre músicos de Latinoamérica. Sin un estilo definido, se caracterizan por el punk blues de sonidos crudos. Los músicos charlaron con Agencia NAN sobre las ventajas de ser nada más que dos, su elección de cantar en inglés y sus intenciones de intercambiar experiencias con otras bandas del continente.

jueves, 21 de enero de 2010

Zombie Bardo: El jazz villero contraataca


Bajo la propuesta de “llegar a las mentes de magnitud reprimida por diversos fenómenos sociales, económicos, culturales y comerciales”, Zombie Bardo se presenta como la banda pionera del Jazz Villero, un nuevo género inventado por ellos mismos, que consiste en fusionar diversos estilos musicales y romper con la estructura del jazz clásico.
Dicho por sus integrantes, la base desde la que parten las historias, el nombre de la banda y hasta los títulos de los temas – como es el caso de uno que se identifica con un titular de Crónica TV-, tiene que ver con lo bizarro, lo gracioso y lo simplemente inexplicable.
Actualmente, esta banda que comenzó como un grupo de estudio conformado por dos alumnos de la EMPA –Escuela de Música Popular de Avellaneda-, se consolidó como una propuesta de inclusión y mezcla no sólo de sonidos y géneros, sino también de fusión con otras ramas artísticas como el teatro. Así, actores y actos, músicos y melodías se transforman en las partes del todo.
¿Quién podría imaginarse un Zombie haciendo bardo? La respuesta está en las cabezas de la agrupación compuesta por David Beltramarino (Guitarra), Nicolás Giaccari (Batería) Daniel “Homero” Walter (teclado y piano), Federico Del Pino (bajo), y Gustavo Correa (percusión). “El nombre describe lo que es nuestra música: de a ratos muy arriba, y por momentos muy tranquila” revelan. La segunda incógnita surge al leer “Jazz villero”. ¿Y eso? “Es un jazz mentiroso”, se oye por ahí. Miente porque no hay una palabra que describa el género multifacético que incluye ritmos y sonidos de varios estilos; con compases que no entienden de estructuras, e interpretaciones para nada convencionales. Al no existir un nombre que los identifique, ellos lo llaman así porque “lo que realmente importa es la música y no el título”.
Como Loca Mala dialogó con tres de los integrantes de esta nueva banda que pretende romper con las estructuras musicales y sociales, para difundir nuevos sonidos a través de lo bizarro de las palabras y el respeto por la música como pilar principal.



¿Cómo surge esta idea de banda de jazz poco convencional?


David – Surgió cuando Homero y yo tuvimos que armar un grupo de estudio, en la EMPA (Escuela de Música Popular de Avellaneda).

Homero – Éramos compañeros de cursada, ambos teníamos curiosidad por el jazz. David tenía más experiencia en el género, y a mí me llamaba la atención. Nos empezamos a pasar material entre nosotros hasta que llegó el momento en que nos dimos cuenta de que la partitura no era lo nuestro, y comenzamos a armar melodías.
Como banda oficial arrancamos a mediados de 2009, cuando ya nos considerábamos un proyecto. Anteriormente fue juntarnos a “zapar”. Es como que la ambición desmedida nos llevó a ser un proyecto concreto (comenta entre chistes y risas).
Después llegó Fede, pasaron un saxofonista, un trompetista y un percusionista. Con el tiempo se fue marcando quiénes estaban fijos y dejamos de ser un grupo de estudio para pasar a ser un proyecto más serio, con ganas de salir a tocar.

Federico - Fue muy repentino porque de repente estábamos armando lo que era la banda y salió un festival, fuimos, tocamos y al otro día nos propusieron tocar con un grupo de teatro (Corú). Tocamos entre medio de los sketch, a la gente le gustaba y entonces seguimos.


Ustedes hablan de difundir la sonoridad del jazz mediante varios estilos para llegar a aquellos rincones en los que las problemáticas a nivel económico, social y cultural dejan de lado ciertos estilos y a cambio presentan siempre lo mismo. ¿Cómo hacen la diferencia?

David – Es una mezcla. El nombre de la banda, el de los temas, son más bien una actividad para salir del paso, porque hay que identificarlos de alguna manera, pero no es lo importante. Por eso los nombres no tienen nada que ver con lo que uno va a escuchar. Temas como “El ladrón de pipa”, “La novia de Palomo”, “Mate y socialismo”, todos tienen que ver con experiencias que vivimos, nos causaron gracia y las dejamos de recuerdo.

Homero – Siempre nos manejamos bajo la política de lo bizarro. Queremos que la gente lea el título e imagine, pero que al momento de escuchar se lleve una sorpresa. Además de esto, en el jazz no tenemos letras entonces utilizamos los títulos para darle una idea, algo para que la imaginación vuele. Con el nombre tratamos de plasmar momentos que vivimos en los ensayos.
Esto es porque en realidad lo más importante es la música y si fuese todo igual sería muy aburrido, entonces presentamos algo que al oído resulta distinto de lo que se pensaba antes de escuchar.
Una vez nos pasó de estar ensayando mientras mirábamos Crónica TV y apareció un titular que decía “La increíble historia de la actual monja que vivió en la calle y salvó a un perro”, y quedó como nombre del un tema.

Federico – Además es como somos nosotros: tomamos todo en chiste menos la música. En los ensayos nos hacemos chistes, arriba del escenario nos conectamos de la misma manera. Es nuestra forma de ser con nosotros mismos, con el público y con la música.



¿Por qué Zombie Bardo?

Homero – El nombre surgió porque en uno de los ensayos nos sentíamos un poco desubicados tocando tan a gusto y sabiendo que los vecinos no entendían ni ahí lo que estábamos haciendo, decíamos en chiste “Ahora abrimos la puerta y nos están esperando los zombies”. Además, es gracioso imaginar a un zombie haciendo bardo, y es un poco lo que pasa con nuestra música porque tiene momentos muy tranquilos, muy de zombie y otros momentos de bardo, bien arriba. Nos resultó chistoso imaginar a un zombie pateando y saltando, empujando a la gente. En cierto punto identifica a las dos facetas de la banda: la tranquilidad y el descontrol.
Es una forma de mantener una identidad y demostrar que en la música no está todo creado, sino que se basa en lo que cada uno siente, y eso es infinito, no se repite.

Federico – Lo dejamos así porque identifica nuestra música y a nosotros, porque estamos todo el tiempo haciendo chistes y entonces tiene mucha más gracia. Además, que el nombre haya salido (tanto de la banda como de los temas) de las charlas habituales, de nuestros diálogos hace que todo sea más sincero. No es que le buscamos la rima a todo.

David – Tampoco la tomamos como una propuesta contracultural o con la idea de querer romper el molde, por eso nos reímos de todo y la pasamos bien. Lo que sí respetamos mucho es la parte musical, el resto nos resulta un detalle. Tratamos de entrar en todos lados, por ejemplo, compartir escenarios con una banda de punk rock y hacer jazz. La idea es mostrar lo que hacemos, más allá de que les guste o no, presentarles lo que hacemos, los sonidos, para que conozcan de qué se trata y puedan criticarlo positiva o negativamente.
Queremos que dentro de esta vorágine del consumismo en donde predomina MTV, las bandas con sonidos muy comerciales en las radios, y hasta las musiquitas de los celulares, podamos mostrar nuestra música que (en realidad) no tiene nada que ver con lo que está a la moda.


¿Por qué “Jazz Villero”?

Homero – Porque empezamos como grupo de estudio haciendo jazz, después se sumó Fede (el bajista) que venía de esa escuela del funk y otros sonidos distintos. Entonces del jazz clásico pasamos a tocar diferentes ritmos o mezclar las bases y los tiempos del jazz con otros estilos y viceversa. En una oportunidad hicimos una cumbia villera y un reggaetón y no nos sentimos para nada mal. Por eso decimos que es un jazz mentiroso, la idea del jazz villero surge justamente porque no le encontramos una idea definida en cuanto a estilo, nosotros fusionamos.

David – Lo que más tiene de jazz es que hacemos mucha improvisación, más que nada con el tema de los solos. En nuestro caso no nos basamos en la estructura definida típica de ese ritmo, a eso no lo respetamos. Por ahí empezamos a tocar con una estructura y de un compás pasamos a otro que ni se usa, y lo hacemos justamente para generar eso, el quiebre que lleva a otra cosa.

¿Cómo imaginan el camino de Zombie Bardo de acá en más?

David – No me imagino mucho el futuro en ningún aspecto. Hace seis meses atrás no me imaginaba este futuro, que íbamos a salir a tocar, que se iba a concretar esto.

Homero – Claro, no nos imaginábamos nada de esto. De hecho en un pub de Monte Grande nos ofrecieron hacer fechas propias, empezar a tocar seguido, y esas cosas nunca las hubiésemos imaginado. La música es una fuente de liberación y la transitamos como eso.

Federico – Creo que esto pasa por querer superarse a uno mismo y asumir un compromiso. Tratamos de aprender entre todos y de que cada uno critique al otro para seguir creciendo.

Sitio web: http://www.myspace.com/zombiebardo

Publicado en http://www.comolocamala.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=129:zombie-bardo-el-jazz-villero-contraataca&catid=38:musica&Itemid=9
21/01/2010

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Docentes artistas: el arte de enseñar el arte


Por Laura Cabrera

Docentes Artistas de Esteban Echeverría es un grupo de profesionales que enseñan artes plásticas en las escuelas públicas del distrito. En 2006 se unieron para complementar su actividad y exponer sus obras surgidas “en la intimidad de los talleres”. Además de tratarse de una oportunidad para crecer artísticamente, ésta es una forma de acercar la actividad a los alumnos. Para ellos resulta fundamental el espacio para exponer porque “nadie puede enseñar lo que no hace”.

Ellos lo llaman “combinación de lenguaje”, pero el resultado del trabajo realizado por el Grupo de Docentes Artistas de Esteban Echeverría podría calificarse como una sinergia desde dos ámbitos. Por un lado, 24 artistas especializados en diversas ramas de las artes plásticas exponen sus obras de manera tal que cada una de ellas se conecte con el resto y; por el otro, se trata de profesores que - a través de su condición de artistas profesionales – utilizan los espacios de exposición para acercar a los alumnos esa parte de la educación artística que sólo se ve en las galerías: la interacción con la obra, la crítica, y la variedad de sensaciones que genera.

“El 11 de septiembre de 2006, los directivos del Centro Cultural El Telégrafo realizaron una muestra sobre diversidad de lenguaje e imágenes y para hacerlo se contactaron vía e-mail con los docentes de plástica de las escuelas de Esteban Echeverría. Nosotros no nos conocíamos, tampoco conocíamos las obras de los colegas. Ese fue el primer acercamiento que tuvimos”, reseñó Gloria Moreno – integrante del grupo- en relación con aquel primer contacto.

El grupo comenzó a gestarse por la combinación de circunstancias que normalmente se denomina “casualidad” y se consolidó gracias a la “causalidad” despertada por el interés recíproco de los artistas por las obras de sus colegas – para ese entonces desconocidos –, y la necesidad de tener un espacio en donde expresarse y poder mostrar a la comunidad lo que saben hacer.

Después de ese primer contacto decidieron conformar un grupo de arte que les permitiera dar a conocer las obras de cada uno, para que su actividad docente vaya más allá del aula y se vea en galerías, universidades, bibliotecas y cualquier espacio que desee recibir aquel trabajo “intimo y de taller” que complementa a su actividad de “enseñar sobre la propia profesión”. Así comenzó la búsqueda de lugares en toda la provincia, ya que la idea era “llegar a todos los rincones”, según afirmó Moreno.

Aunque inicialmente fueron 21, en la actualidad el grupo está conformado por 24 docentes/artistas de diversas especialidades: pintores, dibujantes, ceramistas, fotógrafos, escultores, y artistas de instalación y performance. Todo se hace a pulmón, desde la búsqueda de los lugares y el traslado, hasta la puesta en escena. Una característica que los destaca es ese desinterés que tienen por poner un límite o consigna para realizar una obra, ya que cada artista puede exponer dos trabajos bajo la técnica que desee y de la forma que quiera.

La idea es mostrar la labor individual y al mismo tiempo generar el diálogo con el resto – algo que siempre sucede- a través de la puesta en escena de diferentes colores, formas y materiales. Además, se pretende que las obras que conforman el itinerario artístico no se repitan en las galerías.

Pero esta actividad no tiene que ver solamente con un crecimiento personal/profesional, sino que se relaciona también con la necesidad de todo docente de tener material para enseñar sobre una determinada temática. Resulta que en muchas de las escuelas en las que trabajan faltan recursos, entonces es fundamental buscar alternativas para acercar el conocimiento. “Las exposiciones enriquecen a los chicos y los entusiasma. Tenemos que generar la manera de motivarlos. No se puede enseñar el arte desde la antigüedad, tiene que ser desde la contemporaneidad, por eso los acercamos a través de obras de sus propios profesores”, reconoció Gloria.

Es así que estos artistas que cumplen el rol de docentes, aprovechan para invitar a sus alumnos a las muestras. El grupo reconoce que “no todos tienen la oportunidad de ir a grandes galerías” y por eso ellos crean un espacio en cada distrito para que las posibilidades de los niños y adolescentes sean mayores. Además aseguran que es notorio el cambio en el aprendizaje de los chicos, porque al familiarizarse con las técnicas, ellos comienzan a ver las cosas de otra manera. “Es sorprendente verlos criticar, encontrar detalles o reconocer técnicas”, destacó Moreno.

Bajo estos dos objetivos, el Grupo de Docentes Artistas continúa su actividad que genera integración desde varios puntos de vista: la de los artistas, de las obras entre sí y además, una integración social, para que todos puedan tener la posibilidad de interactuar con el arte y aprender sin necesidad de ir lejos o gastar dinero.

A la hora de hablar de la labor y los objetivos del grupo, Gloria redondeó con sencillez: “La idea es interactuar, mostrarnos, exponer nuestro ser en una obra e ir recorriendo cada lugar de la provincia con estas nuestras gratuitas. Lo bueno es que de a poco lo estamos logrando”.



Publicado en la edición on-line de la revista"Como loca mala". 30/12/2009

http://www.comolocamala.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=114:docentes-artistas-el-arte-de-ensenar-el-arte&catid=15:arte&Itemid=9

viernes, 20 de noviembre de 2009

Ambularte: murga, circo y artes plásticas en las plazas del Conurbano Sur


Por Laura Cabrera


Las agrupaciones de murga “Momo a Shanty” y “Circo Tito” lanzaron el domingo pasado el proyecto “Ambularte” en la plaza 25 de Mayo, de Luis Guillón. Esta fue la primera puesta en escena de varias que realizarán en las plazas de los barrios del conurbano Sur, y que incluirán espectáculos relacionados con las artes plásticas, el circo y la murga.

La idea es brindar un espectáculo que incluya talleres abiertos a la comunidad. No es casualidad que los lugares elegidos sean las plazas. Abel Giménez, integrante de “Momo a Shanty” afirmó que ”el proyecto tiene que ver con la recuperación y el desarrollo de la identidad y los espacios públicos”. Justamente las plazas son los espacios que intenta recuperar este colectivo artístico, para que la cultura del barrio vuelva a renacer.

“Ambularte surge de la combinación del circo y la murga, y la idea de salir a promover el arte independiente por las calles” explicó Giménez al referirse a este trabajo ambulante que no sólo será una oportunidad para los artistas de los barrios sino también para los artesanos, a quienes se les dará un espacio para vender sus producciones.

A pesar de que las agrupaciones independientes no están ligadas directamente al tercer sector, los organizadores se encuentran en tratativas para convertirse en una asociación civil, ya que la actividad está abocada a la transmisión e intercambio cultural entre los distintos barrios, bajo la modalidad de trabajo “a la gorra” para recaudar fondos destinados al mantenimiento de este proyecto sin fines lucrativos.

Además de recorrer las plazas, esta agrupación murguera- circense pretende llegar a las escuelas y trabajar desde allí mediante la inclusión de los niños en las diferentes disciplinas artísticas relacionadas con la importancia de la participación y la identidad de los barrios.

Esta nueva agrupación que incluye clowns, percusionistas, cantantes, bailarines y graffiteros, entre otras disciplinas; destaca que lo principal es “llegar a personas de todas las edades, crear un espacio de unión y demostrarles que en familia se puede hacer algo más que juntarse a mirar la tele cuando el presupuesto no alcanza”.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Una apuesta por la vuelta de la cultura barrial en Esteban Echeverría


Por Laura Cabrera

La asociación barrial “La Socy” de El Jagüel organizó el sábado pasado una peña familiar con el fin de recaudar fondos para mantener en pie al club que volvió a tomar vida desde hace diez meses. Además de este fin económico, lo fundamental es rescatar las raíces del barrio y la pluralidad cultural. Para ello brindaron un espectáculo que incluyó candombe, murga y folklore, en una noche para toda la familia.


Pensado como una fotografía, la imagen era la de las antiguas reuniones en las que todo el barrio se juntaba en el club a comer, dialogar y bailar: sobre el predio se observaban las mesas largas, adelante el escenario a la espera de la diversidad cultural. Por los costados, niños jugando al fútbol y músicos preparando sus instrumentos. La puesta en escena también incluyó una serie de cuadros de Manuela, una vecina del barrio que se dedica a la cultura afro a través de brillantes expresiones plásticas que reflejan el sentir de aquella sociedad.


Ayelén Álvarez, joven integrante de la comisión directiva del club, aseguró que “la idea es recuperar el club, volver a generar un espacio de integración en el que los vecinos participen” porque “la idea de club está perdida y muchos creen que si hay una peña en un en lugares como estos, lo más seguro es que sea ‘una truchada’”. A pesar de los prejuicios, tanto los jóvenes de la comisión como los vecinos que crecieron en el club, aquellos niños que se encargaban del mantenimiento, decidieron dejar de lado todo aquello que los llamaba al “dejar de hacer”, para comenzar a movilizarse con la idea de armar talleres para todo el barrio.


Para comenzar con la iniciativa organizaron esta peña que contó con la presencia de un grupo de candombe al mando de Walter Medina, quien junto a 14 percusionistas de Remedios de Escalada, invitaron al público a bailar; la murga “Momo a Shanty”, una organización que se perfila como un colectivo cultural desde Barrio Lindo (Monte Grande), el grupo folklórico “Turay”, y “Los Jara”; además de espacios intermedios con música de todas las épocas, en donde todos se pararon a bailar.


Más de 120 personas concurrieron a la cita. La respuesta por parte del barrio fue más de la esperada. “Vos venís acá y ves que la gente se está divirtiendo, que te saludan, te felicitan y te dicen que lo hagas más seguido. Eso es buenísimo, porque ahí te das cuenta de que estás haciendo algo que gusta”, comentó entusiasmado Rodrigo Alzueta, vecino y parte de la organización del festival a beneficio de la entidad.


La idea principal de la Comisión Directiva es poder montar talleres culturales. En este momento, el club cuenta con talleres de candombe, pintura, percusión, y un grupo de Tae- Kwon-do. Se pretende que los talleres estén comandados por profesionales de las diferentes áreas a los que les interese realmente ayudar, más que obtener un fin económico, ya que – como resaltaron desde la organización- la idea es “brindarle al barrio un espacio en el cual sentirse parte”.


Esta fiesta barrial fue la primera para recaudar fondos para el club, anteriormente se realizaron otras a beneficio de otras instituciones y la concurrencia fue grande. Por ello se pensó en comenzar a trabajar para el club y para los vecinos. A pesar de tener poca difusión, los jóvenes recorren los barrios para que la sociedad sepa que existen y que pueden concurrir para pasar un rato agradable “sin tener que viajar tan lejos, ni realizar grandes gastos”.



Cómo contactarse
lasocy@hotmail.com
www.lasocy.jymdo.com.ar

domingo, 20 de septiembre de 2009

“Siempre tuve claro que hay que escuchar al corazón”


Entrevista a Diego Romanía

Por Laura Cabrera


Diego Romanía es un joven guillonense de 21 años. A pesar de su corta edad, su espíritu y su instinto lo llevaron por el camino de la sensibilidad, aquel que está relacionado con la creación, la dedicación y, por sobre todas las cosas, el saber escuchar. Hoy se define como un artesano seguidor de sus impulsos y en camino a ser un profesional; término que en cierto punto la aterra porque asegura que los luthiers a veces portan “cierta tendencia a no querer difundir su sabiduría”. Diego no duda un segundo al dejar traslucir que su sueño es crear una escuela pública de luthería en Buenos Aires ya que, hasta el momento, el único espacio que enseña este oficio a nivel estatal es la Universidad de Tucumán.
Desde los primeros años de la escuela secundaria resaltó en él la pasión por la filosofía, tal es así que a los 18 comenzó a estudiar la carrera en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Pero paralelamente a esa pasión, Diego siempre fue un enamorado de la música y qué mejor para él que poder crear instrumentos. Entre la reflexión y el entendimiento de la materia sensible, desde la explicación de la vida humana y el funcionamiento de las sociedades parte su explicación sobre la vida de los instrumentos, como si ellos fuesen en realidad el alma de quien los toca. De cómo un árbol muere y es madera, a cómo resucita y es instrumento; de eso habla este joven artista.
Fiel a sus ideas y convicciones, Diego alterna sus pasiones entre la música y la filosofía (aunque dejó el estudio de ésta última para dedicarse de lleno a la creación), y se prepara para viajar el próximo año a Tucumán, en donde se perfeccionará en la única escuela pública de Luthería de América Latina. Esto es parte de un sueño que tiene como objetivo el enriquecimiento profesional y algo más ambicioso: la fundación de una escuela propia. A pesar de ser muchos los obstáculos, él no se asusta y se anima a soñar con ese espacio.


-¿Cómo fue el camino que lo llevó a decidirse por la luthería?

- Fue algo que se me cruzó desde muy chico. Siempre tuve la idea de construir, de crear, eso me gusta mucho, pero nunca encontré algo que me apasione tanto como la confección de instrumentos. Por otra parte, no imaginaba que con la madera podía llegar a hacer alguna cosa de la que salga sonido y con la cual se pueda interpretar música.
Fue un camino, no surgió de un día para el otro. Yo cursaba filosofía y al mismo tiempo estudiaba lutheria, y notaba que lo que me llenaba era construir. La filosofía también me gusta. Vi que ambas cosas tenían un sentido similar, una relación. Ver que una madera se transforma en un instrumento es darle otro sentido a la materia. Es algo muy filosófico que habla de los orígenes.


- Entendiendo que usted es un apasionado por la música, ¿cómo siente la relación entre un músico y su instrumento?

- Siempre mi idea fue buscar un sonido distinto, no sería “perfecto” la palabra indicada, pero tratar de interpretar lo que el músico quiere, eso me gusta mucho.
Yo no me considero músico pero toco la guitarra y noto la diferencia cuando el instrumento es de mercado, de serie, y cuál es de luthier. Tiene algo particular, es el trabajo lo que hace la diferencia y eso es lo que busco: entender al músico, tratar de interpretar lo que quiere y llevarlo a las maderas.
Mi idea es que el músico se identifique con el sonido que sale de su guitarra, porque es importante ese vínculo entre el instrumento y la persona. Es sentirse parte de la música.


- ¿Cómo fue el momento en que vio a su primera guitarra terminada?

- Fue algo impresionante. Ver esa madera y pensar que en algún momento fue árbol (símbolo de vida) y que a lo mejor estuvo a millones de kilómetros de acá, y de golpe notar que es un instrumento es algo muy particular. Además de eso me sirvió para ver mi crecimiento, voy por la quinta guitarra y puedo notar cómo cambia el sonido en cada nueva versión. Esa primera todavía la conservo, pero no la considero un instrumento, no salió del todo bien. Pero eso también la hace especial porque ya llevo cinco guitarras y desde esa hasta la actualidad ver el progreso me da más ganas de seguir. La primera, a pesar de no ser “tan guitarra” representa todo, el inicio de mi aprendizaje, de la lutheria para mí, porque era un mundo que no conocía en ese entonces.


- En este camino decidió dar un paso más el año que viene, cuando se mude a Tucumán para perfeccionarse. ¿Qué expectativas tiene para el regreso?

- Sí, esto es lo que quise siempre: Seguir aprendiendo todo lo que se pueda. Nunca me gustó quedarme con lo que tenía, siempre busqué más en cuanto al aprendizaje. Ir a Tucumán es una nueva experiencia porque yo sé hacer guitarras y ahora voy a aprender a confeccionar otros instrumentos como violines y violonchelos. Espero volver con todo eso aprendido.
Tengo proyectos para el regreso. Quiero enseñar, eso es lo que más me gustaría hacer porque parece que no, pero la luthería es un oficio que no se quiere mostrar o que se oculta de algún modo. A mí me parece una estupidéz, yo quiero que quien tenga ganas de aprender pueda hacerlo sin la obligación de pagar un curso. Mi mayor sueño sería poder enseñar.


- ¿Qué significa la lutheria en su vida?

- Creo que esto, como todo, representa un camino. Siempre tuve claro que hay que escuchar al corazón y lo que uno quiere, hay que buscar y saber encontrar. Yo creo que hice eso, siempre hice lo que quise y lo que no…lo dejé. Hay que seguir lo que a uno le gusta y darle para adelante, es lo primero y principal. La luthería es eso en mi vida: Lo que realmente quiero hacer.

20/09/09

sábado, 19 de septiembre de 2009

Un espacio de integración para los artistas




Por Laura Cabrera (Fuente: www.auno.org.ar)


Claroscuro es un grupo de arte que integra la experiencia de personas "convencionales" con las que tienen alguna "discapacidad", entre comillas. Para su coordinadora, Olga Falcón, todos tienen derecho a aprender y a que se respeten sus tiempos para crear.

De la fusión entre el arte y la experiencia personal nació la solidaridad en Olga Falcón, que hace 10 años fundó el grupo de artes plásticas Claroscuro, una ONG dedicada a dar libertad, estimular a las personas que la sociedad considera "discapacitadas" y a utilizar el arte como clave para unir experiencias y borrar las distancias que construyen los prejuicios. El proyecto se mantiene con la esperanza de que el espacio llegue a ser una institución para todos.

-¿Cómo fueron sus primeros pasos en el arte?
-Creo que nací con un lápiz y un pincel en la mano. Desde muy pequeña, mi pasión era garabatear en algún rincón. Algunos dicen que con la vocación uno sigue el camino, pero también uno se hace investigando, profundizando. El arte se hace desde el corazón. Es mostrar lo más profundo del ser humano. Creo que tenemos varias vidas y el arte es muy importante para cualquier individuo en cada una de ellas.
-¿Qué fue lo que la motivó a crear el taller Claroscuro?
-Cuando lo fundé consideré que tenía una asignatura pendiente, que era brindarle a esta población "diferente" la enseñanza de permitirse las cosas. Mucha gente me decía que estaba loca, cómo me iba a meter en esto. Hasta me cuestionaron el no tener formación en educación especial. Ahí sentí que el arte no tenía límites, porque trabajamos desde otro lugar, desde el interior, de las sensaciones y emociones que todos tenemos.
-¿Influyó alguna experiencia personal?
-Sí, de niña yo fui tartamuda. No me comunicaba con los chicos porque se reían. Había entrado en un nivel de autismo; sólo me comunicaba con mi mamá. Cuando entré en primer grado me ponían notas en rojo que decían "no debe conversar", porque al no poder formar una frase completa siempre me encontraban hablando. Pasados los años, comprendí por qué quise acercarme a la población con discapacidad, porque creo que esa instancia de mi vida me permitió comprender que todos necesitamos escucharnos y escuchar al otro. Esta población tiene tiempos diferentes, pero nosotros también.
-¿Qué personas integran el taller?
-Son talleres integrados, es decir, hay personas con capacidades diferentes y convencionales entre comillas, como nosotros. Y digo entre comillas porque a veces cuesta más darles formación a las personas convencionales que al resto. Suelen ser más limitados, aquellos que de repente se prohíben pintar por algunos prejuicios. Son más limitadas éstas personas que las que no son ni mejor ni peor, sino diferentes. Pero los artistas entramos en esta categoría, somos diferentes porque elaboramos la vida, vemos las cosas con otra mirada, con más alegría.
-¿Existe un cambio en la vida de los alumnos de claroscuro desde su ingreso?
-Sí, no sólo se estimula a los alumnos para que puedan pensar sino que se les da el lugar de socialización. Tienen que aprender a buscar los materiales dentro del taller, lavar los pinceles antes de irse, cambiar el agua de los potes, buscar las hojas. Es decir, no les facilitamos las cosas, no le decimos "tomá, acá está, dibujá acá, borrá acá". Se les da la libertad, la individualidad. Hay un cambio, son más libres.
-¿Cómo se sustenta Claroscuro?
-Las instituciones siempre contamos con benefactores que nos respaldan, socios que aportan una cuota mensual o personas que están becadas por el Estado. El dinero de la cuota es sólo para materiales, porque si no sería imposible para las familias sostener este estímulo. No van a poder con nosotros, vamos a luchar porque vale la pena comprometerse.
-¿Cuál fue el mayor logro que tuvieron en Claroscuro?
-Yo digo que los mayores logros siempre están por venir porque el camino de cualquier carrera o taller es el hacer continuamente. El logro es sentirnos orgullosos de estar todos con todos, pero lo máximo está por venir y hay que seguir trabajando.
-¿Cuál es el deseo que falta cumplir?
-Poder seguir sosteniéndonos. A veces tenemos que correr o buscar trabajo y venir con la ilusión de que en los cursos en vez de haber cinco alumnos haya 50. Y desear poder dedicarme sólo a esto, no tener otra actividad. Me gustaría que Claroscuro sea un gran instituto abierto y que transiten todos por allí, no sólo grupitos becados. Ese es mi sueño y, como en la vida hay que tener sueños, yo los tengo. De lo contrario, no existiría futuro.
Auno - Entrevistas 14/11/2008

De los murales al cine y el rock sinfónico: arte sin fronteras por solidaridad




Por Laura Cabrera (Fuente: www.auno.org.ar)


La OSC Arte sin Techo, nacida en el barrio de Almagro para embellecer paredes porteñas, expande sus actividades: con ciclos de películas, música y exposiciones, mantiene la premisa de brindar contención y un espacio de creatividad para personas que viven en la calle.

Encuentros para disfrutar de buen cine, con espacios temáticos que pueden ir desde el jazz hasta los festejos por el Día de San Valentín. También la confección de murales -actividades con las que nació la iniciativa- y hasta ciclos de rock sinfónico. Con esa amplitud funciona Arte sin Techo, una organización de la sociedad civil que no tiene fronteras para combinar la cultura y los actos solidarios.
La OSC, con sede central en el barrio de Almagro, en la Ciudad de Buenos Aires, funciona desde hace cuatro años y tuvo su embrión en un programa del Gobierno porteño llamado "El camino de los murales", dedicado a trastocar pintadas políticas por obras artísticas en las calles de la Capital. Desde ese momento, se configuró un espacio para que personas en situación de calle aporten su visión y encuentren un espacio de contención.
En el marco de una tarea autogestionada, la búsqueda de fondos de Arte sin Techo para sostener las actividades también se da en clave artística. Las acciones de estas semanas dan un ejemplo.
Para el pasado Día de San Valentín, la OSC organizó una cena denominada “El amor en los tiempos del cine”, en la que el público pudo disfrutar de la proyección de películas de amor y cocina “con un tinte afrodisíaco”.
La velada fue parte del espacio “Arte del encuentro”, en donde “se intenta hacer conocer al público la idea central de Arte sin Techo y además recaudar fondos para seguir con el proyecto de esta asociación que se autoabastece”, destacó a AUNO-Tercer Sector Bruno Suaya, quien está a cargo de la producción de los eventos junto con Ariel Pennisi.
Además del sentido solidario del encuentro y a pesar de creer que San Valentín es una celebración puramente comercial, los organizadores apostaron a demostrar que el amor es más importante que ese día en particular. Para lograrlo, ofrecieron al público una cena romántica con música y cine, organizada por Claudio Suaya, quien también se encarga de los “Jueves de cine y jazz” en el espacio que la asociación tiene en Almagro.
Al margen de esta movida, la OSC realiza los jueves el ciclo de cine denominado “Una mirada al jazz” que finalizará el 29 de este mes con la proyección de las 2 películas más votadas por el público, y los sábados un ciclo de rock sinfónico. Para el mes entrante tiene planificada una fiesta en honor a Niní Marshall.
Cualquiera sea la opción y el tipo de espectáculo que el grupo realice, la consigna siempre es la misma: seguir trabajando para darle un espacio desde el arte a quienes más lo necesitan.


Cómo contactarse:

Arte sin Techo
Medrano 107 (Almagro, Ciudad de Buenos Aires)
4982-2436

Auno - Tercer Sector
17/03/2009

Un taller que convierte la música en integración




Por Laura Cabrera (Fuente: www.auno.org.ar)


En Luis Guillón crece una de las sedes de la Federación Música Esperanza, que apunta a la contención para chicos de diversos estratos sociales. Cómo funciona, desde el sur del conurbano, un puente hacia la cultura para decenas de jóvenes.
La Federación Música Esperanza, una organización con más de 50 sedes en varios puntos del país y del mundo, lleva también al sur del conurbano la alegría de la música y las ganas de compartir. Desde 1996, funciona en Luis Guillón un taller destinado a ser un espacio de distracción, entretenimiento y aprendizaje para niños y adolescentes.
La especialidad del taller es la guitarra pero no hay instrumento o ritmo que sea descartado, cualquier sonido se transforma en música y cualquier elemento inservible para algunos, es un potencial instrumento para este grupo.
Entre traslados y recesos el taller sigue de pie y superando los obstáculos relacionados con la falta de espacio y las necesidades económicas. Parece ser que en este lugar la magia de la música flota en el aire y hace que todo se haga posible con un poco de esfuerzo.
La reunión se repite todos los miércoles en el Rotary Club de Esteban Echeverría. Entre charlas sobre las actividades de la semana y mate de por medio, un grupo de niños y adolescentes prepara los instrumentos y comienzan a ensayar. La libertad para elegir qué instrumento tocar corre por cuenta de cada alumno: no importa si hay algo que no se sabe, con el tiempo se aprende y los resultados se notan.
Al mando de la batuta se encuentran Lola Torres, percusionista e integrante del grupo de Pop-rock “Ciclotímica”, y Mariano Travella, guitarrista y ex alumno del taller. Más allá de sus formaciones, ellos están convencidos de que para ser tallerista es necesario tener ganas de comunicarse a través del arte. Juntos fusionan sus conocimientos y logran transmitir a los alumnos esas ganas de comunicarse a través de los sonidos.
Mariano aseguró a AUNO-Tercer Sector que, por lo general, “todos llegan con algo de vergüenza y para ver de qué se trata, siempre interesados por la música”, pero más allá de eso “a medida que pasa el año, llegan más entusiasmados por probar nuevos instrumentos”.
El taller recibe donaciones de instrumentos, pero de todas formas dejan volar su imaginación y fabrican algunos de percusión con vasos, botellones y semillitas. Esta tarea une a todo el grupo y ayuda a que se creen lazos entre alumnos, así como genera un ambiente de confianza y amistad.
Entre las tareas que programa la Fundación están las muestras anuales, abiertas a toda la comunidad, y las muestras entre grupos, en las que distintos talleres se reúnen para mostrar la especialidad de cada uno. En el caso de este taller, los últimos encuentros fueron con un grupo de Del Viso y con otro de Santiago del Estero.
Gracias al esfuerzo de los talleristas, la coordinadora y los alumnos, el espacio que Música Esperanza tiene en Luis Guillón se mantiene intacto y a la espera de todo aquel que se interese por el arte. Desde su labor desinteresada, los profesores logran comunicar a la sociedad que el lenguaje musical hace a la unión.
Auno - Tercer Sector
29/02/2009